Para peor y según alertan los científicos, esta falta de agua está siendo exacerbada por el Cambio Climático: las sequías e inundaciones son cada vez más frecuentes y graves y nunca ha sido más importante proteger los ecosistemas de agua dulce de todo el planeta.
Alrededor de 700.000 niños mueren cada año de sed y/o de diarrea por beber agua insegura y por un saneamiento deficiente, lo que significa unos 2.000 niños al día. Cientos de miles de personas pasan toda una jornada buscando agua, que les permita al menos sobrevivir.
Como contrapartida, en los países más desarrollados y en muchos emergentes, este precioso líquido no se valora como es debido, se malgasta en agricultura, se contamina, no se recicla adecuadamente y la gente en general no siente la necesidad de cuidarla, puesto que siempre que se necesita, hay un grifo cerca para proveerla. Sigue leyendo



