Pasó de la gloria al descrédito. Los textos sagrados narran que después del gran diluvio, Noé quiso saber en qué condiciones había quedado la tierra, y la envió para que le trajera alguna noticia. Ella regresó trayendo una rama de olivo en el pico, lo cual indicaba que había árboles que no estaban bajo el agua y que el arca podía volver a tierra firme. Fue venerada por los hindúes y los incas. En el siglo XX, fue Pablo Picasso, el pintor español, el que renovó su fama como símbolo de la paz. Sin embargo, la reputación de la paloma dejó de ser inmaculada hace ya bastante tiempo.
Según un técnico de la sección Zoología Agrícola de la Estación Experimental Agrícola “Obispo Colombres” (Eeaoc), la enemiga es la paloma torcaza (Zenaida auriculata) que se come los cotiledones en forma total o parcial, provocando en algunos casos la muerte de la plántula. Esta peste presenta características biológicas, es decir una dinámica poblacional ligada a la disponibilidad de alimento, capacidad de dispersión, amplia distribución geográfica, que hacen difícil su control en grandes áreas. La Eeaoc viene realizando en forma constante un relevamiento en toda el área sojera de Tucumán, dividida en ocho zonas de monitoreo. (Fuente: La Gaceta/Editorial, Viernes 27 de enero de 2012)
Se estima que la emblemática ave ha provocado pérdidas de unos 300 millones de dólares a la agricultura nacional. El girasol y el sorgo son sus víctimas. Esta se ha convertido en una plaga que ha ampliado su radio de acción a Córdoba, Tucumán, Salta. Formosa, La Pampa, Santa Fe, Entre Ríos y Chaco. De acuerdo con la estimaciones preliminares, en la última campaña unas 360.000 toneladas de girasol cayeron bajo la voracidad las aves.
En la última edición de nuestro suplemento Rural, dedicamos un amplio espacio, a la incidencia de esta plaga en los cultivos, especialmente en la soja. Los que más sufren el ataque de la paloma son la soja en estado de emergencia y el girasol y sorgo en maduración.
Pero la paloma no sólo ocasiona estragos en la agricultura, también produce daños en los edificios, esculturas, monumentos, fuentes, plazas y parques. La materia orgánica de sus desechos es altamente corrosiva por el ácido úrico, lo que actúa produciendo perjuicios estructurales y oxidaciones. Además, sus heces obstruyen canaletas, desagües y contaminan los tanques de agua. Como si eso fuese poco, también pueden transmitir enfermedades como la histoplasmosis pulmonar, la criptococosis, salmonelosis y la psitacosis, que se trasmiten por contacto directo, o al secarse las heces y ser transportadas por el aire, la gente puede inhalar un polvo microscópico que es suficiente para provocar trastornos y producir el contagio.
Sería interesante que se estudiaran los perjuicios que ocasiona la paloma no sólo en los cultivos, sino también en los otros aspectos, como el impacto en nuestras valiosas estatuas (La Libertad, Alberdi o Parábola, por ejemplo) o en los edificios. En el Palacio de Tribunales, hubo que apelar a medidas para evitar que el bicho ensuciara en su interior y salpicara con sus heces a las personas. Un estudio integral de esta ave conduciría seguramente a controlar su reproducción, como se ha hecho en otras ciudades que padecen esta plaga. “Se equivocó la paloma, se equivocaba…” escribió el español Rafael Alberti, el argentino Carlos Guastavino compuso la música y el catalán Serrat inmortalizó la canción. En este caso, arte y realidad van por senderos que se bifurcan.