La exportación de genética: lo más destacado del sector sojero

(Fuente: ASAGA) En este artículo, escrito por el presidente de ACSOJA, Rodolfo Rossi, para la revista de ASAGA, se plantea un análisis sobre variedades de semillas y mejoramiento genético.

La Cadena de Soja tiene en el sector semillero un importante eslabón, que contribuye brindando el primer insumo necesario para establecer los sistemas de producción.

Establecida desde hace 40 años, siempre aportó variedades en número y calidad, que han permitido paso a paso, el crecimiento del cultivo desde las zonas núcleo a las regiones más distantes, en ambientes con necesidades específicas para el logro de los mejores rendimientos y con características defensivas para el sostenimiento del mismo.

Desde el año 1983 en que se inscribe la primera variedad Argentina, ya suman más de 800, certificándose anualmente algo más de 100 de ellas. Los programas de Mejoramiento, principalmente de Obtentores nacionales, han establecido Estaciones Experimentales y laboratorios de Biotecnología, en la cual ejercen su accionar un grupo destacado de “breeders” con gran sentido creativo, maximizando el uso de los recursos, generalmente limitados, en un país adonde la Propiedad Intelectual, está poco reconocida.

El sistema de producción está basado en un sistema de multiplicación, que abastece al mercado de semilla certificada. El mercado de semilla de soja para exportación, se ha mantenido por años, hacia los mercados de Uruguay y Paraguay. Respecto al total certificado, nunca fueron volúmenes significativos. Pero han permitido el lanzamiento de los primeros eventos en esos países.

Normalmente en los otros cultivos, con la exportación se abastece en contra-estación las necesidades de los países. En soja esto también sucede, puntualmente en la producción de eventos regulados para el hemisferio norte, con la correspondiente aprobación y control del estado, llámese CONABIA.

Algunas empresas se han establecido con ese propósito y han cumplido en tiempo y calidad los objetivos de los clientes extranjeros. Esto en los últimos años, ha disminuido en volumen, básicamente por tomarse al riesgo excesivo en una especie autógama.

Seguramente es un tema discutido, pero es la realidad. Parte de esa producción se realiza ahora en países limítrofes. Sin embargo la provisión de semilla es permanente al Uruguay, que actualmente está construyendo un eficiente sistema de producción local, y a Paraguay, mercado inestable, pero que siempre tiene a la Argentina como el principal proveedor.

Por otro lado, a nivel de los programas de mejoramiento, y a una escala importante, son varias las empresas que realizan generaciones de invierno, que no solo cumplen con la producción de un volumen determinado, sino con procesos de selección debido a algunas similitudes de ambiente para determinados grupos de maduración.

Pero lo más destacado en el sector sojero, ha sido la exportación de genética de variedades de soja nacionales a los países vecinos. Desde hace años que países como Paraguay y Uruguay, utilizan mayoritariamente variedades Argentinas, adonde alcanzan porciones de mercado significativas, y cuyas variedades más sembradas son también Argentinas.

Dentro de esto, se ha producido una verdadera revolución en Brasil, con la introducción de genética Argentina: En solo 5 años, el “market share” de las variedades Argentinas supera holgadamente el 50%.

Ese es el número que muestra el éxito de las mismas. Pero el cambio es más profundo. Los obtentores locales han cambiado los paradigmas, que desde hace décadas gobernaban los fenotipos de las variedades brasileras. Son varias las características que se modificaron, entre ellas pueden mencionarse, indeterminación para todos los grupos de maduración, alto índice de cosecha, precocidad con alto rendimiento y cambios en la estructura de cultivo.

En resumen, el sector sojero mantiene un negocio discreto en cuanto a exportación de semilla, pero la exportación de genética ha sido un caso único en la historia semillera de nuestro país.

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